La secretaria de Agricultura del gobierno de Donald Trump, Brooke Rollins, afirmó recientemente que Estados Unidos no importará «mucha» carne argentina, a pesar de las negociaciones en curso entre ambos países para ampliar el comercio de este producto. En una entrevista con la cadena CNBC, Rollins mencionó que Argentina enfrenta un «problema de aftosa», lo cual generó controversia, ya que el país sudamericano está oficialmente libre de esta enfermedad desde 2001 y mantiene una estricta campaña de vacunación.

Además, si esa afirmación fuera cierta, EEUU no importaría ni un sólo kilo de carne Argentina e importa 20.000 toneladas.

Durante la charla, la funcionaria explicó que el presidente Trump busca aumentar el consumo de proteínas en Estados Unidos y que, aunque se está en conversaciones con Argentina para importar carne, la cantidad no será significativa en relación con la producción nacional, que asciende a 12 millones de toneladas métricas. Además, destacó que la fiebre aftosa representa un desafío para el Departamento de Agricultura estadounidense, que debe proteger la industria ganadera local.

Las declaraciones de Rollins se producen en medio de negociaciones para un acuerdo comercial que podría elevar la cuota de importación de carne argentina con arancel cero de 20.000 a entre 60.000 y 70.000 toneladas, aunque las nuevas cantidades podrían estar sujetas a un arancel del 10%. Sin embargo, sectores ganaderos estadounidenses, como la asociación R-CALF USA, criticaron la posible ampliación, advirtiendo que la mayor entrada de carne extranjera podría perjudicar la salud a largo plazo de la industria local y afectar los precios internos.

En resumen, mientras el gobierno de Trump evalúa cómo manejar la importación de carne argentina, persisten tensiones entre la necesidad de ofrecer precios más bajos a los consumidores y la protección de los productores nacionales, en un contexto donde la sanidad animal y la confianza en las condiciones sanitarias de Argentina son temas centrales.