La estructura política que responde a Alejandro Carrancio está sufriendo una sangría que redefine las lealtades en la provincia de Buenos Aires. El dato que hoy sacude el tablero es el alejamiento de tres concejales pertenecientes a Villa Gesell y Mar Chiquita, quienes han decidido abandonar el espacio oficialista para alinearse bajo el ala de Dante Gebel. Esta maniobra deja al descubierto las grietas en el armado regional y posiciona al conferencista como un polo de atracción capaz de captar dirigentes que, hasta hace poco, se mostraban firmes en las filas libertarias. El impacto es directo sobre la autoridad de Carrancio, quien ve cómo su influencia territorial en la zona atlántica se debilita ante la avanzada de un proyecto que se mueve con una agilidad sorprendente como alternativa natural frente a un oficialismo en crisis.

Este movimiento de piezas no es un hecho aislado, sino que forma parte de un clima de descontento que ha empezado a aflorar en distintos puntos del territorio bonaerense. Mientras Dante Gebel sigue sumando voluntades y consolidando su propio espacio, las críticas internas hacia la conducción de Sebastián Pareja se intensifican. Se cuestiona la falta de contención y la fragilidad de las alianzas que permitieron que, en pleno reordenamiento, figuras locales opten por saltar hacia propuestas alternativas. La pérdida de estos ediles en ciudades de la costa es un síntoma de una crisis de representatividad que el sector no logra frenar, dejando el camino libre para que nuevos actores políticos capitalicen el terreno perdido.

Para agravar la situación del oficialismo provincial, la violencia se hizo presente en San Miguel, empañando aún más la gestión del espacio que lidera Sebastián Pareja. En un episodio que generó un repudio generalizado, un grupo de docentes denunció haber sido víctima de agresiones físicas por parte de un concejal que responde directamente a la línea de Pareja. El incidente ocurrió durante una protesta frente a las oficinas de ANSES, donde los trabajadores buscaban visibilizar sus reclamos y terminaron siendo interceptados violentamente. Este hecho no solo deja en evidencia una alarmante falta de diálogo, sino que profundiza la imagen de confrontación constante que rodea a ciertos sectores de la dirigencia local en un momento de extrema sensibilidad social.