El gobierno nacional ha comenzado a entablar negociaciones con los mandatarios de Provincias Unidas, un bloque que incluye a Córdoba, Santa Fe, Chubut, Santa Cruz, Jujuy y Corrientes, con el objetivo de asegurar un acuerdo de gobernabilidad tras las próximas elecciones. Estas conversaciones surgen en un contexto político complejo, donde el oficialismo enfrenta un Congreso fragmentado y la oposición, liderada por Javier Milei, que ya no aspira a una mayoría absoluta sino a obtener un tercio de los escaños para bloquear iniciativas legislativas.
Los gobernadores de Provincias Unidas expresaron su descontento por el trato recibido durante el primer año del gobierno de Milei, a pesar de haber apoyado la sanción de la ley de Bases y la estabilidad institucional. Frente a estas quejas, desde el Ejecutivo respondieron con un mensaje claro: «Ahora no hay margen para cagarlos», reflejando la necesidad imperiosa de contar con su respaldo para alcanzar el quórum necesario y avanzar en reformas clave como la tributaria, previsional y laboral.
Esta estrategia de diálogo fue impulsada por Santiago Caputo, quien busca evitar depender directamente de figuras como Mauricio Macri, que aunque mantiene vínculos con algunos gobernadores, no ejerce control sobre ellos. De hecho, en una reciente reunión en Olivos, Macri intentó acercar a estos mandatarios a Milei, pero se encontró con resistencia. En este escenario, el oficialismo reconoce que sin el apoyo de Provincias Unidas será difícil gobernar y llevar adelante las reformas prometidas, lo que anticipa un período de negociaciones tensas y desafíos políticos en los próximos dos años.
