El sector industrial argentino continúa mostrando signos de debilidad, con una caída sostenida en su contribución al Producto Bruto Interno (PBI). Según el último informe del Indec, el uso promedio de la capacidad instalada en las fábricas se ubicó en 59,4 puntos sobre un máximo ideal de 100, reflejando un nivel de capacidad ociosa cercano al 40%. Esta situación afecta la competitividad, ya que los costos fijos deben ser absorbidos por una menor producción, lo que presiona los precios tanto para el mercado interno como para las exportaciones.

Solo tres de los doce grandes sectores industriales lograron superar el promedio de actividad de la última década en agosto: alimentos y bebidas, metálica básica y refinación de petróleo. Estos sectores impulsaron un leve repunte del 1,9% en la utilización de la capacidad instalada en los primeros ocho meses del año en comparación con 2024. Sin embargo, otros sectores como la fabricación de productos de tabaco y sustancias químicas registraron retrocesos significativos, mientras que la demanda interna sigue siendo la principal preocupación para las empresas, muchas de las cuales reportaron caídas en producción, ventas y empleo.

La participación de la industria en el PBI continúa en descenso, situándose en el segundo trimestre de 2025 en 16,83%, por debajo del promedio de la última década y lejos del nivel de la década anterior. Este deterioro se vincula con la falta de inversiones, rigideces laborales, alta presión tributaria y competencia con productos importados. Sin cambios profundos que impulsen la modernización y la profesionalización, la tendencia a la baja y la alta capacidad ociosa podrían profundizarse, poniendo en riesgo la recuperación y el desarrollo industrial del país.