La economía argentina atraviesa un segundo trimestre consecutivo de caída, confirmando técnicamente que el país está en recesión. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de agosto mostró apenas un leve rebote del 0,2%, insuficiente para revertir la tendencia negativa que se mantiene en sectores clave como la industria, el comercio, la construcción y el agro. De hecho, 14 de los 15 sectores medidos por el Indec no lograron recuperar sus niveles previos, con la industria cayendo un 5,1% interanual, la construcción un 4,4% y el agro un 1,6%.
El único sector que exhibe crecimiento sostenido es el financiero, que aumentó un 26,5% interanual, impulsado principalmente por la intermediación financiera y la volatilidad en el mercado de bonos y tasas de interés. Otras actividades relacionadas, como seguros y servicios empresariales, también muestran cifras positivas, pero no alcanzan a compensar la caída generalizada en la economía real.
El panorama es preocupante: la Universidad Torcuato Di Tella advierte que la actividad económica muestra un estancamiento con sesgo recesivo y proyecta para el último trimestre una contracción anual del PBI entre 3% y 3,5%. El consumo privado está 12% por debajo de los niveles de 2022, mientras que la industria y la construcción operan muy por debajo de sus techos históricos. La gestión actual, caracterizada por la liberalización de precios y apertura cambiaria, ha favorecido la especulación financiera, pero no logró impulsar la producción ni el consumo real.
Aunque desde el Ministerio de Economía se evita hablar de recesión, los datos de consultoras privadas como Fundación Capital, LCG y Equilibra confirman la caída del PBI y la fragilidad del rebote estadístico. En definitiva, la economía argentina enfrenta un escenario complejo donde la recuperación genuina aún se ve lejana.
