Durante los primeros seis meses del año, el Banco Central ha expandido de manera significativa la oferta de pesos en la economía. Lejos de la «emisión cero» prometida, la base monetaria experimentó un crecimiento cercano al 100%, superando con creces la modesta expansión de apenas 13% registrada en igual período de 2023.
Esta aceleración de la maquinita emisora ha despertado críticas de economistas de variados espectros ideológicos. Voces como Roberto Cachanosky y Christian Buteler han advertido que, si bien el Gobierno anunció un plan de ajuste fiscal, la realidad muestra un «festival de emisión monetaria» que licua el gasto público y presiona al alza las distintas cotizaciones del dólar.
«Estamos frente a una situación en la cual esto puede llegar a impactar todavía más en la inflación en los próximos meses», señaló Cachanosky, a pesar de la tendencia a la baja que exhibe actualmente el IPC. Las razones de este comportamiento monetario expansivo parecen encontrarse en la estrategia oficial de transformar los pasivos remunerados del BCRA en distintos instrumentos, algunos de los cuales implican potenciales efectos monetarios como es el caso de los bonos dolarizados que requieren compra de reservas.
Economistas como Aldo Abram y Gabriel Rubinstein coinciden en que el principal escollo deriva del cepo cambiario. «El cepo genera un gran perjuicio para la recuperación de la economía», afirmó Abram, quien ubica en unos $3 billones el exceso de base que habría explicado el reciente salto de la brecha cambiaria.
En definitiva, más allá de las promesas de «déficit y emisión cero», las cifras oficiales exhiben una expansión monetaria que despierta suspicacias sobre su compatibilidad con el objetivo de desinflar y alentar una apreciación del peso que facilite la ansiada unificación cambiaria.
