La interna dentro del universo del PRO parece haber entrado en un terreno que podría conducir a una fractura. Mauricio Macri decidió patear el tablero y subir la apuesta en su pulseada con la gestión de Javier Milei, una maniobra que no solo sacudió la estantería del Gobierno nacional, sino que también encendió las alarmas entre sus propios dirigentes con responsabilidades de gestión. El expresidente bajó una línea directa y sin medias tintas a su bloque legislativo: quiere que los diputados del partido amarillo acompañen el pedido para remover a Manuel Adorni. Esta presión busca marcarle la cancha a la Casa Rosada y demostrar que el apoyo parlamentario del PRO no es un cheque en blanco, sino una herramienta de negociación que tiene precio y condiciones.
Sin embargo, esta jugada de ajedrez político de Mauricio Macri no fue recibida con aplausos en todos los despachos del partido. Los gobernadores que pertenecen al espacio están que trinan con la actitud del exmandatario. El principal temor que recorre los pasillos de las gobernaciones es que estas declaraciones y los movimientos en el Congreso terminen provocando represalias directas por parte de Javier Milei. Los mandatarios provinciales saben que dependen en gran medida del flujo de recursos y de la buena voluntad de la Nación para llevar adelante sus administraciones, y sienten que quedar atrapados en medio del fuego cruzado entre los dos líderes los pone en una situación de extrema vulnerabilidad.
Lo que se discute hoy es el nivel de confrontación que el partido está dispuesto a tolerar. Mientras Mauricio Macri intenta recuperar la centralidad política y presionar por lugares en el gabinete o cambios en el rumbo económico, los referentes territoriales prefieren una postura mucho más cauta y dialoguista. Para muchos de ellos, forzar la salida de un vocero o emitir comunicados críticos en este momento es «jugar con fuego» en un contexto donde las provincias no tienen margen de error. La grieta entre la conducción nacional y los gestores locales es cada vez más ancha, y la votación sobre el futuro de Manuel Adorni en la Cámara Baja será la prueba de fuego para ver quién tiene realmente el control de la tropa.
