Si bien las proyecciones privadas anticipan que las reservas netas del Banco Central abandonarán el terreno negativo en junio próximo, la leve mejora prevista de aquí a fin de año no sería suficiente para que el Gobierno avance en un levantamiento del cepo cambiario. Las limitaciones, pese al ingreso de divisas externas, persisten.

El optimismo inicial que generaron las primeras compras de dólares por parte de la autoridad monetaria bajo la nueva administración, se fue diluyendo con el correr de las semanas. Si bien se estima un repunte desde los USD 11.500 millones negativos hasta rondar los USD 3.800 millones positivos para diciembre, esa cifra dista de los USD 15.000 millones que el presidente Milei y su ministro Caputo consideran un piso necesario.

«Hacia fin de año, las reservas netas apenas superarían los USD 4.000 millones», proyectan analistas privados que replican la metodología del FMI para su cálculo. Un monto que, si bien cumpliría con la meta comprometida, luce francamente escuálido para asumir el costo financiero de una apertura indiscriminada del mercado cambiario.

La preocupación es tal que, incluso con las perspectivas de ingreso de divisas por la liquidación demorada del campo, las autoridades prefieren avanzar con cautela. «En marzo, las compras del BCRA superaron el aumento de deuda comercial, señal de más financiamiento externo», advierten en la consultora 1816.

Es decir que, más allá del rebote estadístico desde la delicada situación heredada, los compromisos en moneda extranjera seguirían presionando y consumiendo buena parte de esas reservas «rescatadas». Un escenario que dista de la holgura necesaria para un giro rotundo en las regulaciones cambiarias vigentes.

En ese marco, el Gobierno parece resignarse por ahora a una gradual flexibilización, sin arriesgar una corrida desestabilizadora. El objetivo de máxima, alejar cuanto antes el espectro de los «cepo».