Mauricio Macri ha intensificado su oposición a la licitación del servicio de dragado y balizamiento de la Hidrovía, un proyecto clave que recorre el río Paraná-Paraguay. A través de su exministro de Transporte, Guillermo Dietrich, el ex presidente ha expresado serias preocupaciones sobre la falta de transparencia en el proceso licitatorio impulsado por el gobierno actual. Durante un evento en Santa Fe, Dietrich criticó abiertamente las condiciones de la licitación, calificándolas de «poco transparentes».

Desde la Fundación Pensar, vinculada al PRO, se han señalado que los pliegos de la licitación no solo ignoran las necesidades de los productores argentinos, sino que también podrían generar sobrecostos significativos. Dietrich advirtió que, de no corregirse, estos sobrecostos podrían alcanzar entre 2 y 3 dólares por tonelada, lo que se traduciría en una transferencia de recursos considerable hacia el concesionario de la Hidrovía en los próximos 30 a 60 años.

Las críticas no se limitan a Dietrich; otros actores políticos y empresariales también han manifestado su descontento. La secretaria de Transporte de Santa Fe, Renata Ghilotti, subrayó la importancia de incluir a las provincias en la elaboración de los pliegos, dado que gran parte de la Hidrovía atraviesa su territorio. Asimismo, se ha cuestionado la duración de la concesión, que se plantea por 30 años con posibilidad de prórroga, argumentando que los cambios tecnológicos y ambientales requieren respuestas más rápidas.

La situación se complica aún más con la presión ejercida por Macri para favorecer a la empresa holandesa Boskalis, en la que tiene un interés personal, lo que ha llevado a tensiones con otros actores del sector. En este contexto, la falta de consenso y la percepción de favoritismo en la licitación podrían generar un escenario complicado para el gobierno y los productores que dependen de la Hidrovía.