Cristina Kirchner asumirá hoy la presidencia del Partido Justicialista (PJ) en un contexto marcado por tensiones internas, especialmente con el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. La ceremonia se llevará a cabo a las 17:30 en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), donde Kirchner estará acompañada por los consejeros del partido y los cinco vicepresidentes que la respaldarán en su gestión.

La situación se complica debido a la notable ausencia de varios gobernadores y líderes sindicales de la Confederación General del Trabajo (CGT), quienes no han recibido invitaciones para el evento. Esta falta de participación de figuras clave del peronismo pone de manifiesto las divisiones existentes dentro del partido. Aunque se espera que algunos presidentes de los PJ provinciales asistan, la confirmación de su presencia es incierta, lo que refleja la fragilidad de la coalición.

La relación entre Kirchner y Kicillof ha sido especialmente tensa en los últimos tiempos, y su falta de apoyo explícito a la candidatura de Kirchner ha alimentado rumores sobre un posible proyecto personal del gobernador. Esta dinámica ha llevado a un aumento de las fricciones, con acusaciones mutuas y una creciente distancia entre ambos.

A pesar de las críticas y la oposición interna, los seguidores de Kirchner ven su asunción como un paso importante para revitalizar el peronismo y reorganizar el partido. Algunos consideran que su liderazgo puede ser clave para enfrentar el año electoral que se avecina, aunque otros son escépticos sobre su capacidad para unir a un partido que parece estar en un laberinto sin salida.

En este contexto, la ex presidenta se propone reactivar la vida partidaria y demostrar apertura a todos los sectores. Sin embargo, la falta de apoyo de figuras influyentes y la creciente tensión con Kicillof plantean desafíos significativos para su liderazgo, mientras el peronismo enfrenta un panorama incierto de cara a las próximas elecciones.

La cumbre de hace pocos días, no fue de unidad

Kicillof, quien abrió la reunión, expresó su preocupación por la situación que enfrenta la provincia bajo el gobierno de Milei, pidiendo apoyo para su gestión. Sin embargo, su discurso fue interpretado como un mensaje dirigido a Máximo Kirchner, quien había organizado la cumbre. En respuesta, Cristina enfatizó que el verdadero objetivo de la oposición es debilitar al peronismo y no a su persona.

«Axel, tenés que despojarte de tu ego, esto no es Milei contra vos», afirmó Kirchner, sugiriendo que la atención debería centrarse en la defensa del movimiento peronista. También cuestionó la estrategia electoral que Kicillof estaba considerando, la cual incluía desdoblar las elecciones en la provincia para enfocar el debate en su gestión. Cristina advirtió que tal enfoque podría desviar la atención de la verdadera discusión, que es la oposición a las políticas de Milei.

La ex presidenta también hizo hincapié en la necesidad de unidad dentro del partido, argumentando que solo a través de un debate interno sincero se podría lograr una verdadera cohesión. «La unidad es un requisito para tener una chance de ganarle a Milei», subrayó, instando a los presentes a dejar de lado las diferencias personales y trabajar juntos.