El escándalo por la visita de legisladores oficialistas al represor Alfredo Astiz en la cárcel de Ezeiza tomó un giro inesperado. Ante el repudio generalizado, el Gobierno busca reescribir la historia y cambiar la versión original.

Fuentes parlamentarias revelan que el presidente Javier Milei delegó la estrategia de daños en Martín Menem, quien no logró controlar la crisis. Ahora, Santiago Caputo dispuso que Guillermo Garat y Rodrigo Lugones «coucheen» a los diputados involucrados.

La consigna sería que digan que el objetivo real era visitar a mujeres embarazadas privadas de libertad, y que la reunión con Astiz y otros represores fue «casualidad». Sin embargo, esta coartada luce inverosímil.

«La visita se convocó desde una combi oficial, eso requiere aval de Presidencia. Aparentemente tenía el OK de Menem y de Casa Rosada», deslizó la diputada libertaria Rocío Bonacci en declaraciones que tensionan más la interna oficialista.

Bonacci también admitió que el verdadero motivo fue solicitar el arresto domiciliario para genocidas mayores de 70 años. «Fue básicamente el motivo central de la charla», aseguró.

Mientras, desde los bloques opositores amenazan con pedir una sesión informativa para que los legisladores den explicaciones públicas. Incluso el diputado aliado Carlos D’Alessandro no descarta sumarse al repudio.

Rocío Bonacci dejó en evidencia las verdaderas intenciones que hubo detrás del polémico encuentro con los represores. La legisladora libertaria aseguró haber sido víctima de un ardid por parte de sus propios compañeros de bancada.

Según su testimonio, en ningún momento le informaron que el objetivo real era reunirse con genocidas como Alfredo Astiz. «Me sentí engañada, no me brindaron los detalles completos», enfatizó Bonacci con indignación.

La diputada reveló que en tres ocasiones consultó sobre el motivo del viaje, pero su par de bloque solo le indicó que sería «una visita humanitaria, muy importante y linda». Recién cuando estaban camino al penal, al escuchar los nombres de los represores, comenzó a sospechar. «Tuve que googlear quiénes eran», admitió desconcertada.

Esas declaraciones desnudan el accionar poco transparente de quienes organizaron el cuestionado encuentro en Ezeiza. Bonacci no solo pone en tela de juicio la excusa oficial, sino que además deja entrever posibles divisiones internas en la bancada libertaria.

En ese contexto, las negociaciones para formar un interbloque líbertario fuera del control de Menem cobraron fuerza. La interna de La Libertad Avanza, al rojo vivo, complica aún más el operativo para encubrir el affaire con los represores.