Tras la aprobación de la polémica Ley Bases, un nuevo clima se instala en el Congreso. Los bloques opositores que acompañaron al oficialismo en esa votación clave empiezan a marcar distancia y a cuestionar la falta de credibilidad del Gobierno. «Parecen un chico que le dice algo a la madre y todo lo contrario al padre», criticó un legislador radical sobre las contradictorias señales que emanan desde el Ejecutivo.

La confianza quedó severamente dañada, aseguran en la oposición dialoguista. Ponen como ejemplo las negociaciones que mantuvo el ministro Francos con los senadores radicales y que luego negó ante los diputados. «La confianza es una bala que tenían que cuidar y que descuidaron», advirtieron. Esta sensación de desconfianza amenaza con minar los eventuales acuerdos futuros.

En ese contexto, los distintos bloques buscan reposicionarse y avanzar con agendas propias, despegándose del oficialismo. Desde el PRO, Mauricio Macri hizo saber que finalizó la etapa del «cogobierno» parlamentario y que su partido debe mostrar un rumbo independiente, más allá de acompañar a La Libertad Avanza. Un sector «libertario» dentro del bloque amarillo podría tensionar esa estrategia.

Los radicales, por su parte, anuncian que ya no acompañarán más iniciativas del kirchnerismo por considerarlo una «mancha venenosa». Aspiran a tejer nuevos acuerdos en torno a temas como el 8% para jubilados y el presupuesto universitario. «Ya no nos pueden señalar, ahora es su responsabilidad gestionar», advierten al Gobierno.

Mientras, en la coalición oficialista dan por iniciada la «segunda etapa» y Milei anuncia un nuevo megaproyecto para eliminar unas 100 leyes que, según su visión, «entorpecen el funcionamiento económico». El gran desafío será lograr los apoyos necesarios en un Congreso que ya no parece dispuesto a convalidar ciegamente la agenda oficial.