La situación en la Unión Cívica Radical (UCR) se ha vuelto tensa tras la reciente decisión de algunos de sus diputados de apoyar el veto presidencial a la reforma de jubilaciones. Esta fractura interna ha dado pie a pedidos de expulsión de los legisladores que se alinearon con el gobierno de Javier Milei, lo que ha generado un clima de confrontación y descontento dentro del partido.

Facundo Manes y otros diputados han exigido al presidente del bloque, Rodrigo De Loredo, que “reordene” la bancada y separe a los cinco legisladores que apoyaron el veto. Esta situación ha llevado a que se convoquen reuniones de emergencia para discutir las implicancias de este quiebre y para intentar limar asperezas entre los diferentes sectores del partido. La tensión llegó a su punto culminante en la última reunión del bloque, donde se produjeron fuertes acusaciones y confrontaciones.

El presidente del bloque, De Loredo, intenta mantener un equilibrio entre las facciones en conflicto, mientras que la Convención Nacional de la UCR también ha planteado sanciones a los diputados que no acataron las decisiones del partido. A medida que se intensifican las discusiones, algunos intendentes y referentes provinciales comienzan a expresar su preocupación por la dirección que está tomando el partido y la necesidad de no perder conexión con sus electores.

La UCR se enfrenta a un dilema: decidir si confrontar abiertamente al gobierno libertario o buscar una estrategia de colaboración que podría ser vista como una traición a sus principios. Con las próximas elecciones en el horizonte, la capacidad del partido para unificarse y definir una estrategia clara será crucial para su futuro político.