La imagen del actual mandatario argentino ha experimentado un descenso considerable en las últimas mediciones de opinión pública, ubicándose por debajo del 30 por ciento de aprobación. Este retroceso, que se acentuó durante el mes de marzo, ha generado inquietud en los círculos gubernamentales.

Según un relevamiento confidencial al que se tuvo acceso, el respaldo al presidente se situó en un 24 por ciento en marzo, lo que representa una caída de veinte puntos porcentuales desde su victoria en las urnas el pasado octubre. En contraste, la percepción negativa sobre su gestión ha escalado diecisiete puntos, alcanzando un 71 por ciento. Este registro marca el nivel de desaprobación más alto en su trayectoria política, superando incluso sus peores momentos previos a la presidencia.

Analistas políticos señalan que la baja en la popularidad se atribuye a una combinación de factores económicos, como la persistente inflación y la contracción del consumo, sumado a cuestionamientos sobre posibles irregularidades en el entorno presidencial. Un punto de inflexión clave en esta tendencia descendente fue el denominado «caso Adorni», que contribuyó a una disminución adicional de ocho puntos en marzo y disparó el rechazo hacia el jefe de Gabinete a un 75 por ciento.

La situación interna del gobierno se ve complicada por la aparente dificultad del presidente para tomar decisiones sobre su equipo, lo que algunos describen como un «empate destructivo» entre él y su hermana Karina. En este contexto, el ascenso de Patricia Bullrich en las encuestas ha captado la atención, con algunos sondeos incluso posicionándola por encima del actual jefe de Estado. Esta situación ha llevado a la exministra a adoptar una postura de mayor distancia respecto a ciertas acciones gubernamentales, lo que es interpretado por sectores de su partido como una estrategia con miras a futuras candidaturas.