La ciudad de Pinamar se encuentra en estado de alerta debido a un alarmante aumento en los casos de suicidio adolescente durante el presente año. La problemática, que se extiende a otras localidades vecinas, ha generado una profunda preocupación en la comunidad educativa y en los profesionales de la salud mental. Sheila Acosta Anzalone, docente con una extensa trayectoria en la zona, describe la situación como «muy preocupante», señalando que las aulas se han convertido en un espacio donde las señales de alerta son cada vez más frecuentes.

Según testimonios de la docente, se han multiplicado los casos de estudiantes con autolesiones, así como los intentos de suicidio, lo que ha llevado a una creciente medicalización de los jóvenes. Acosta Anzalone atribuye esta crisis a una combinación de factores emocionales, psicológicos, políticos, económicos y culturales. En particular, destaca la desigualdad social que se vive en la región y la falta de oportunidades laborales para los adolescentes, especialmente durante la temporada de verano, cuando muchos son sometidos a condiciones de explotación. “Más de diez adolescentes y jóvenes se suicidaron en lo que va del año” aseguró.

La falta de una ordenanza de salud mental en Madariaga y la escasa implementación de la existente en Pinamar, que prevé más recursos y acciones preventivas, son otros de los factores que contribuyen a la problemática. La docente insiste en la necesidad de hablar sobre el suicidio para prevenirlo y de brindar a los jóvenes espacios donde se sientan escuchados y contenidos. En este sentido, destaca la importancia de que las escuelas trabajen para que los chicos sientan que existen y que hay adultos que se preocupan por ellos.