La recesión económica golpea con fuerza al sector industrial. Whirlpool anunció el cierre de su planta de lavarropas en Pilar, inaugurada hace apenas tres años con una inversión millonaria y que prometía ser la más moderna de su tipo. La decisión, que tomó por sorpresa a los 300 empleados, se justifica por la caída en las ventas y la creciente competencia de las importaciones.

La planta, que había sido inaugurada con bombos y platillos por el entonces presidente Alberto Fernández y Daniel Scioli, no logró alcanzar las expectativas de producción. De los 300 mil lavarropas anuales proyectados, solo se estaban fabricando 150 mil, y las exportaciones quedaron muy por debajo de lo previsto. Según fuentes gremiales, el precio de un lavarropas producido en la planta rondaba el millón de pesos, mientras que uno importado de China se vendía a la mitad.

Ante el cierre, los trabajadores decidieron permanecer en la planta exigiendo respuestas y garantías más allá de las indemnizaciones. El gremio de la UOM busca que la empresa reasigne parte del personal despedido a tareas de despacho en el centro de acopio y distribución que podría reconvertirse en esas instalaciones. Sin embargo, la empresa aún no ha dado información oficial sobre el destino de la planta.

La compañía argumenta que esta decisión implica una reconfiguración estructural de su operación en Argentina, concentrándose en actividades comerciales y de servicio para garantizar el abastecimiento de electrodomésticos, accesorios y repuestos en todo el país. Sin embargo, para los trabajadores, la situación es crítica. «El cierre ya es una decisión tomada. Dicen que les sale muy caro invertir en el país», afirmó el delegado de la UOM, Ignacio Cabezas.

Este cierre se suma a una serie de malas noticias para la industria argentina, que enfrenta una fuerte caída en la actividad y la pérdida de empleos. La apertura de importaciones y la recesión económica están poniendo en jaque a numerosas empresas, generando preocupación en el sector y en los sindicatos.