Mar del Plata se enfrenta a una profunda crisis de consumo que ya está impactando severamente el empleo local, con el sector textil como uno de los más golpeados. Un claro ejemplo de esta situación es la emblemática fábrica Textiliana, conocida por sus prendas Mauro Sergio, que se vio obligada a suspender a 175 de sus trabajadores por un período de cuatro meses y medio. Esta drástica medida, que afecta a más de dos tercios de su plantilla, es una consecuencia directa del desplome en las ventas y la acumulación de stock, reflejando la difícil coyuntura económica que atraviesa la región.
La raíz de esta problemática se encuentra en una combinación de factores, donde la reducción de aranceles a la importación de indumentaria, implementada en marzo pasado, jugó un papel determinante. Esta política generó una avalancha de productos extranjeros que saturó el mercado, provocando una caída significativa en la demanda de la producción nacional. Solo en agosto, la industria textil experimentó una contracción del 18% en su actividad, lo que derivó en un preocupante aumento de suspensiones y despidos a lo largo del año, con una pérdida estimada de cerca de 5 mil puestos de trabajo en todo el país.
Los trabajadores afectados por las suspensiones en Mauro Sergio percibirán el 78% de su salario neto, pero sin los aportes jubilatorios correspondientes, lo que añade una capa de incertidumbre sobre su futuro. La preocupación principal radica en si podrán retomar sus actividades una vez finalizado el período de inactividad. Desde la Cámara Textil de Mar del Plata, su titular, Guillermo Fasano, expresó un fuerte descontento con las decisiones gubernamentales, señalando que «cuando estábamos esperando la baja de impuestos, nos despachamos con que el Gobierno le bajó el impuesto a los chinos», y denunció la falta de controles de calidad sobre la ropa importada, que incluso podría ser «contaminante».
Mar del Plata, históricamente un pilar de la industria textil argentina, se ha convertido en un termómetro de la recesión que afecta al sector. La evidente reducción de la capacidad instalada en sus fábricas subraya la urgencia de medidas que protejan la producción y el empleo nacional frente a un escenario de consumo deprimido y competencia desleal. La situación actual pone de manifiesto la necesidad de un debate profundo sobre las políticas económicas y su impacto directo en la vida de miles de familias.
