Mientras el Gobierno intenta mostrar gestos de apertura hacia el interior del país, las señales políticas y económicas siguen generando ruidos entre los gobernadores, que ven más una estrategia discursiva que una verdadera búsqueda de consenso. Javier Milei viajó a Corrientes para participar de un encuentro liberal, pero su visita no incluyó contactos institucionales con las autoridades locales. En paralelo, Axel Kicillof volvió a quedar al margen de las reuniones con la Casa Rosada, profundizando la distancia entre el Ejecutivo nacional y las provincias más grandes del país.

La gira presidencial por el interior apunta a respaldar la idea de una “federalización” de la gestión, pero por ahora se limita a actos simbólicos y sin interacción con los mandatarios locales. En Corrientes, el presidente expuso en el Congreso de Economía Regional acompañado por Karina Milei y Manuel Adorni, mientras que el ministro del Interior, Diego Santilli, continúa su ronda con gobernadores aliados, todos firmantes del Pacto de Mayo. El gobernador Gustavo Valdés, en tanto, se encuentra en el exterior buscando inversiones, por lo cual no hubo encuentro político con el Presidente.

Desde Buenos Aires, Kicillof denunció un trato discriminatorio del Gobierno nacional por dejar afuera a su distrito, el más poblado del país. Su ministro, Carlos Bianco, envió una solicitud formal de reunión a Santilli, pero solo obtuvo una respuesta por redes: “Tomo nota”. En La Plata reclaman la reactivación de obras paralizadas y la restitución de fondos nacionales, una deuda que, aseguran, supera los $12,9 billones.

En este contexto, los mandatarios provinciales observan con cautela la “reforma laboral” que Milei prepara para enviar al Congreso. Lejos de entusiasmar a los gobiernos locales, consideran que será apenas un guiño al mercado y que no generará nuevos empleos ni cambios estructurales. Algunos incluso prefieren llamarla “modernización laboral”, convencidos de que el Gobierno busca más una victoria política que una transformación real. “Nos tendríamos que estar revoleando sillas si fuera una reforma fundacional”, admitió un gobernador en privado. El clima, lejos de distenderse, confirma que la llamada “nueva etapa de diálogo” avanza, pero sin diálogo.