Una fuerte tensión se desató dentro del Gobierno luego de que el jefe de la Armada, Carlos Alievi, rechazara el pedido del Departamento de Defensa de Estados Unidos para que un destructor argentino se sumara a una operación liderada por Donald Trump en el Caribe, con el objetivo de presionar al régimen venezolano de Nicolás Maduro. La negativa provocó la furia de Karina, quien calificó al alto mando naval de “pusilánime”, según trascendió en los pasillos del Ministerio de Defensa.
El buque argentino se encontraba participando en la tradicional misión Unitas cuando llegó el requerimiento de Washington. La propuesta incluía, según fuentes navales, el ofrecimiento de mantenimiento gratuito a cambio de sumarse al operativo conjunto. Alievi se opuso argumentando que la embarcación no se encontraba en condiciones de afrontar el despliegue y que la participación militar argentina carecía de justificación estratégica. “Quisieron mostrar una fuerza combinada. El Ministerio de Defensa se prendió, pero Alievi dijo que no lo recomendaba”, explicó un oficial consultado.
La decisión derivó en el regreso del destructor a Puerto Belgrano y generó malestar en la Casa Rosada, especialmente en el entorno presidencial más cercano, decidido a consolidar la alineación con la administración Trump. Esta disputa interna se produce además en momentos de cambios dentro del gabinete, con la salida inminente de Luis Petri del Ministerio de Defensa y la evaluación de nuevos nombres para ocupar el cargo, entre ellos Luciana Carrasco, Federico Pinedo y el brigadier Xavier Isaac.
Mientras desde Defensa niegan haber recibido un pedido formal de Estados Unidos, en la Armada señalan que la presión fue concreta y que la negativa de Alievi podría costarle el puesto. El incidente dejó en evidencia la fragilidad del equilibrio diplomático entre el alineamiento político con Washington y las restricciones operativas y constitucionales que rigen para las fuerzas armadas locales.
