Mauricio Macri salió visiblemente decepcionado tras la cena que mantuvo con Javier Milei en la Quinta de Olivos, principalmente por la decisión del presidente de designar a Manuel Adorni como jefe de Gabinete en reemplazo de Guillermo Francos. Macri cuestionó duramente esta elección, señalando que Adorni carece de la experiencia necesaria para ocupar un cargo de tanta responsabilidad, y propuso en su lugar a Horacio Marín, presidente de YPF, como una opción más idónea para el puesto.

El expresidente valoró a Francos como una figura de equilibrio y capacidad, alguien que representaba sensatez para la ciudadanía y que había sido clave para recomponer el diálogo entre Milei y Macri después de las elecciones. La renuncia de Francos, comunicada justo en medio de la reunión, sorprendió a Macri y a varios sectores del oficialismo, quienes consideraban que el funcionario aún tenía un rol fundamental que cumplir.

Durante el encuentro, Macri y Milei discutieron temas pendientes y la necesidad de reforzar los equipos para la segunda etapa del gobierno, aunque no lograron llegar a un acuerdo. La designación de Adorni, quien hasta entonces se desempeñaba como vocero presidencial, fue vista por Macri como un paso en falso que podría complicar la coordinación política y la gestión interna del gabinete. Esta situación refleja las tensiones y las disputas internas que persisten en el oficialismo, y que ahora se hacen visibles tras la salida de Francos y la llegada de Adorni.