El gobierno de Javier Milei destinó alrededor de 25 mil millones de dólares para mantener el dólar relativamente controlado hasta las elecciones de este domingo, una estrategia que expertos califican como «populismo cambiario». Este plan implicó un gasto masivo de reservas y recursos públicos para sostener el tipo de cambio, que a pesar de los esfuerzos, sufrió una devaluación cercana al 40%. Según un análisis de economistas vinculados al peronismo, esta política superó en costo tanto al préstamo del FMI como al swap con Estados Unidos.
Durante las últimas 30 jornadas cambiarias, se registraron ventas por 5.500 millones de dólares en el mercado spot, con intervenciones significativas del Tesoro Nacional y del Banco Central. Además, el Tesoro estadounidense inyectó aproximadamente 2.500 millones de dólares para apoyar el mercado oficial y el contado con liquidación (CCL). Otros organismos públicos, como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses y el Banco Nación, también participaron indirectamente en estas operaciones, moviendo cientos de millones en títulos y coberturas dolarizadas.
El Banco Central también incrementó su posición vendedora en dólares futuros, alcanzando casi 7 mil millones de dólares a fines de septiembre, lo que representa un aumento considerable en apenas dos meses. Esta intervención coordinada de todo el aparato estatal buscó contener la volatilidad cambiaria y evitar una crisis mayor, aunque generó un fuerte desgaste de reservas y una creciente deuda en instrumentos dolarizados.
El sector agroexportador aportó una liquidación extraordinaria de 7 mil millones de dólares, impulsada por una baja temporal de retenciones que terminó beneficiando a las grandes cerealeras, lo que generó críticas por un supuesto «negociado». Sin embargo, este movimiento también implicó un adelanto de dólares que el gobierno necesitaba para sostener la política cambiaria hasta las elecciones, a un costo fiscal estimado en 1.500 millones de dólares.
Con este escenario, el gobierno ya prepara un ajuste económico fuerte para después de los comicios, debido a la caída en la recaudación y la necesidad de mantener el dólar estable. La política de intervención masiva en el mercado cambiario refleja un esfuerzo por contener la crisis, aunque a un costo elevado que plantea dudas sobre la sostenibilidad a mediano plazo.
