Provincias Unidas, que venía mostrando un crecimiento sostenido y consolidándose como una fuerza emergente en el panorama político, enfrenta un duro revés en la provincia de Buenos Aires con la candidatura de Florencio Randazzo. Este golpe se profundiza aún más tras la decisión del intendente de Tigre, Julio Zamora, de abandonar el apoyo activo a Randazzo y no aportar fiscales para la fiscalización en las elecciones, a pesar de que su propia hija integra la lista de candidatos.

La ruptura entre Zamora y Randazzo se atribuye a un fuerte malestar del intendente con Juan Schiaretti, uno de los principales impulsores del frente de centro que sostiene Provincias Unidas. Zamora, molesto por la falta de recursos comprometidos por Schiaretti y el bajo desempeño electoral en la Primera Sección, optó por concentrarse en la gestión municipal y desentenderse de la campaña, dejando a Randazzo en una posición vulnerable en sectores clave del Conurbano.

Este distanciamiento no solo afecta la capacidad operativa de Provincias Unidas en la provincia más importante del país, sino que también pone en evidencia las tensiones internas y la fragilidad del armado político de los gobernadores. La irrupción de Fuerza Patria con un joven candidato en Tigre, Sebastián Rovira, como principal rival, añade presión al espacio peronista y complica aún más sus perspectivas electorales.

El error en la elección de Randazzo como figura en la lista del nuevo espacio representa un desafío significativo para Provincias Unidas en su intento de consolidarse como una alternativa competitiva en Buenos Aires, poniendo en riesgo el debut electoral de este proyecto político que buscaba expandirse con fuerza en el escenario provincial.