El gobierno de Estados Unidos ha intensificado su intervención en el mercado cambiario argentino con el objetivo de contener la escalada del dólar en plena antesala electoral. Según fuentes del mercado, el Tesoro estadounidense, a través de bancos como JP Morgan y Citibank, habría vendido cerca de 900 millones de dólares en operaciones directas para frenar la suba del tipo de cambio oficial, que llegó a tocar los $1.491 en el mayorista. Esta inyección masiva de divisas buscó evitar un desborde cambiario que agravaría la ya delicada situación económica local.
Sin embargo, a pesar de estas maniobras, la presión sobre el dólar paralelo y los mercados alternativos se mantiene en niveles récord. El dólar blue alcanzó los $1.550, mientras que el dólar MEP y el contado con liquidación superaron los $1.590 y $1.610 respectivamente, reflejando la persistente demanda de divisas y la desconfianza en la estabilidad económica. La intervención del Tesoro, aunque significativa, no ha logrado contener completamente la volatilidad ni reducir la brecha cambiaria.
Esta estrategia estadounidense, que incluye además la utilización del Fondo de Estabilización Cambiaria para respaldar al gobierno de Javier Milei, ha generado críticas y cuestionamientos tanto dentro como fuera del país. En el mercado se percibe que la medida es un parche temporal que no soluciona los problemas estructurales de la economía argentina, y que podría agotarse rápidamente si la presión dolarizadora continúa. Además, la incertidumbre política y económica que rodea las elecciones del 26 de octubre mantiene a inversores y ahorristas en alerta, lo que dificulta la estabilización cambiaria a pesar del respaldo externo.
En síntesis, la intervención directa de Estados Unidos en el mercado cambiario argentino representa un esfuerzo sin precedentes para sostener el tipo de cambio oficial, pero hasta ahora sus resultados han sido limitados frente a una demanda de dólares que sigue firme y un contexto político-económico complejo.
