La localidad de Cholila, en la provincia de Chubut, se encuentra en una situación crítica, asediada por dos frentes de incendios forestales que no ceden. El fuego, que se originó en el Parque Nacional Los Alerces y en Puerto Patriada, ha avanzado de manera implacable, rodeando el pueblo y afectando gravemente a productores rurales y vastas extensiones de campos. La magnitud del desastre es tal que los habitantes y los equipos de emergencia enfrentan una lucha constante contra un enemigo impredecible.

La propagación de las llamas ha sido asombrosa, cubriendo más de 50 kilómetros a través de cañadones y laderas, y consumiendo ya más de 30.000 hectáreas en la región andina de Chubut. Juan Carlos Santesteban, un poblador rural con propiedades cercanas al fuego, describió la situación con desesperación: «no hay quien lo pare, es impredecible el comportamiento de este incendio. Pasa y vuelve sobre sectores quemados y se reactiva». La complejidad de los focos, uno iniciado por un rayo en diciembre y otro de origen intencional el 5 de enero, ha desafiado incluso a los especialistas.

La emergencia ha provocado la evacuación de unas 300 personas de Villa Lago Rivadavia y ha dejado a muchos sin sus puestos rurales y equipamiento de trabajo. Alejandro Kitainik, residente de la zona, expresó la angustia colectiva: «Nunca tuvimos incendios tan cercanos y tan de lleno… Es muy fuerte, una mezcla de miedo, angustia, bronca y no saber cómo va a seguir». La falta de información oficial clara también ha sido un punto de preocupación para los afectados, quienes sienten que los comunicados son insuficientes.

A pesar de la movilización de más de 500 brigadistas y una decena de medios aéreos, con apoyo de diversas provincias argentinas y hasta de Chile, el avance del fuego parece imparable. Las condiciones climáticas adversas, con altas temperaturas, baja humedad y fuertes vientos, complican enormemente las tareas de contención. La esperanza de los lugareños se centra en una lluvia torrencial y prolongada, ya que, como señaló Santesteban, «sólo una lluvia torrencial de varios días lo va a parar». Mientras tanto, la comunidad se organiza para defender sus hogares, resignada a la pérdida de lo demás.