La reciente gala de la Fundación Libertad se convirtió en el escenario de una puesta en escena política donde las señales corporales dijeron tanto como las palabras. Javier Milei encabezó el evento con un discurso centrado en la defensa de su programa económico, ratificando el rumbo de su administración frente a un auditorio colmado de referentes del sector privado y la dirigencia liberal. Sin embargo, más allá de los tecnicismos y las proyecciones financieras, el clima estuvo marcado por una frialdad evidente en los vínculos personales, especialmente con figuras que fueron clave para su llegada al poder.
Uno de los puntos que más comentarios generó fue la distancia física y gestual con Mauricio Macri. A pesar de compartir el recinto, no existió un saludo protocolar ni un acercamiento que sugiriera una sintonía fina entre ambos. Mientras el líder del PRO mantenía un semblante serio desde su ubicación, el actual mandatario evitó cualquier gesto de complicidad, lo que refuerza las versiones sobre un distanciamiento estratégico. En paralelo, llamó la atención la mención casi imperceptible hacia Manuel Adorni, quien se encontraba junto a Karina Milei, contrastando con el protagonismo que el vocero suele tener en la comunicación diaria del Gobierno.
Durante su intervención, el Presidente se enfocó en los logros de su gestión, utilizando su estilo habitual para marcar territorio frente a los sectores que cuestionan la velocidad de sus reformas. «No vamos a ceder ni un milímetro en el equilibrio fiscal», fue una de las definiciones que resonaron en el salón, dejando en claro que su prioridad absoluta sigue siendo el esquema macroeconómico. La velada terminó confirmando que, mientras la agenda liberal se consolida en lo discursivo, las relaciones políticas internas atraviesan un momento de hermetismo y reconfiguración de lealtades.
