La histórica empresa argentina Fate, dedicada a la fabricación de neumáticos por más de ocho décadas, ha anunciado el cese definitivo de sus operaciones productivas. Esta drástica decisión implica el despido de sus 920 empleados y la liquidación total de su negocio, cerrando así su planta industrial ubicada en Virreyes, partido de San Fernando. La noticia marca el fin de una trayectoria de 80 años y se convierte en un símbolo de las dificultades que atraviesa el sector industrial local.
La compañía, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, explicó que «los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente». Sin embargo, fuentes cercanas a la empresa revelaron que la firma arrastraba pérdidas desde hace tres décadas, una situación que se agravó considerablemente con la «invasión de cubiertas chinas», que han inundado el mercado con precios significativamente más bajos. Esta competencia desleal, sumada a la caída del consumo interno y la postergación del recambio de neumáticos por parte de los consumidores, dejó a la planta operando a solo un 30% de su capacidad.
A los factores económicos se sumaron las «escandalosas asimetrías» en el comercio exterior, donde otros países otorgan subsidios a sus productores, mientras que Fate enfrentaba sobrecostos y derechos de exportación. Un comunicado previo de la empresa ya había señalado una «abusiva sobrecarga impositiva, restricciones cambiarias para el pago de insumos del exterior, deficiente infraestructura, sobrecostos derivados de la legislación del trabajo, baja productividad laboral, ausentismo y elevada conflictividad gremial». Este último punto hace referencia a los prolongados conflictos con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (SUTNA), que en 2022 paralizaron la producción y fueron calificados por el titular de la empresa, Javier Madanes, como «neo-anarquismo que impide producir».
La empresa ha asegurado que indemnizará a todos sus trabajadores conforme a la ley vigente y saldará sus deudas con proveedores y bancos, optando por una liquidación total en lugar de un concurso de acreedores. Este cierre representa una «alerta roja» para las otras grandes fabricantes de neumáticos en el país, Pirelli y Bridgestone, y pone de manifiesto la vulnerabilidad de la industria nacional frente a la apertura económica y la competencia importada.
