El incremento de las intimidaciones telefónicas sobre supuestos ataques en establecimientos educativos ha encendido las alarmas no solo en materia de seguridad, sino también en las finanzas públicas. Ante esta ola de amenazas de tiroteos, diversas jurisdicciones han comenzado a implementar una política de tolerancia cero que trasciende lo penal: el objetivo ahora es que los responsables se hagan cargo del despliegue policial y de emergencias. En lugares como Mendoza y otros municipios bonaerenses, se busca que las familias de los menores involucrados paguen de su bolsillo los operativos, los cuales demandan una inversión millonaria en recursos técnicos y humanos que quedan inutilizados para emergencias reales.
La problemática, que parece alimentarse de un contexto social complejo y una búsqueda de notoriedad en redes sociales, obliga a evacuar edificios enteros y genera una angustia colectiva difícil de reparar. Las autoridades han detectado que, en muchos casos, los responsables son adolescentes que no dimensionan el impacto de sus actos. Por ello, la estrategia de cobro busca generar una conciencia de responsabilidad civil. Se estima que movilizar patrullas, brigadas de explosivos y ambulancias puede costar varios millones de pesos por cada evento, una cifra que ahora se pretende trasladar directamente al patrimonio de los padres o tutores de quienes realizan las llamadas.
Este fenómeno, descrito como una conducta recurrente en «tiempos extraños», ha llevado a que los fiscales trabajen de forma coordinada con áreas de hacienda para agilizar el cobro de estas multas. La postura oficial es clara: el Estado no puede seguir financiando bromas pesadas que ponen en riesgo la tranquilidad pública. Mientras las investigaciones avanzan para identificar las direcciones IP y los números de origen, el mensaje hacia la sociedad es preventivo y contundente; la libertad de acción de los jóvenes no puede estar desligada de la responsabilidad económica de sus familias frente a los gastos que sus conductas generan a la comunidad.
