Las fricciones internas en el seno del oficialismo han tomado un giro inesperado, derivando en una serie de controversias de carácter religioso que exponen divisiones profundas. Lo que comenzó como una crítica a una fe específica, rápidamente escaló a un debate público que involucra a figuras clave y sus allegados, evidenciando la complejidad de las alianzas dentro del espacio gobernante.
Un influyente comunicador digital, conocido como Gordo Dan, desató la polémica al calificar al Islam como una religión «liberticida, asesina y pedófila, desde su concepción, desde que fue escrita, siendo absolutamente incompatible con los valores morales de Occidente». Esta declaración provocó una inmediata respuesta de Zulemita Menem, quien salió en defensa de su familia y de su propia fe. «Desde lo más profundo de mi corazón, y como firme defensora de la libertad …valores que me inculcó mi padre , siento la necesidad de decirlo con claridad y serenidad: confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso para quienes profesamos esta fe y rechazamos toda forma de violencia, provenga de donde provenga», afirmó, confirmando su adhesión al Islam.
La controversia se amplificó con la intervención de Alejandro Fargosi, quien inicialmente se sumó a las críticas contra los musulmanes, sugiriendo restricciones migratorias. Sin embargo, tras la repercusión, el legislador eliminó su publicación y ofreció una disculpa, indicando que «Jamás deben generalizarse casos individuales, a toda una religión». Este cambio de postura fue interpretado por algunos, como «El Oráculo de Trenque Lauquen», como una señal de presión interna, quien expresó: «Fargosi pasó de estar a favor de frenar el ingreso masivo de islamistas, a decir esto. Es grave que los musulmanes en el gobierno, que todos sabemos quienes son, te aprieten Fargosi. Y sabemos que te apretaron. Y temo que si es así, entonces estamos perdidos en este tema».
Paralelamente, la cúpula del Poder Ejecutivo también muestra divergencias en materia religiosa. Mientras el presidente optó por no recibir a la Iglesia Católica para el tradicional saludo navideño, dedicando su tiempo a un evento con líderes evangélicos, la vicepresidenta, por su parte, inauguró un oratorio en su despacho en la víspera de Nochebuena. Estas acciones, aunque distintas, subrayan una fragmentación en las preferencias y gestos hacia las diferentes comunidades de fe dentro del gobierno.
