El conflicto entre el modelo de gestión impuesto por Kicillof y las plataformas de servicios de mensajería ha escalado a un punto donde lo que está en juego no es solo un marco legal, sino la supervivencia de una modalidad de trabajo disruptiva. La intención de encuadrar a los repartidores en los regímenes laborales tradicionales choca frontalmente con la naturaleza de estas herramientas tecnológicas. Para quienes las utilizan como fuente de ingresos, el valor no reside en la estabilidad de una oficina, sino en la posibilidad de ser dueños de su tiempo y de sus propias decisiones operativas, una autonomía que se vería anulada bajo una relación de dependencia clásica.
Imponer una estructura de contratación antigua ignora que miles de personas eligen estas aplicaciones precisamente para escapar de la figura del jefe y de los horarios fijos. La esencia de este sistema es la flexibilidad: la capacidad de conectarse según la necesidad del momento, ya sea para complementar un sueldo, costear estudios o simplemente manejar la vida personal sin rendir cuentas a un superior. Además, cualquier persona que necesite un ingresos recurre de manera segura a una salida frente a las imposibilidad de conseguir empleo ya sea por requisitos específico y en muchos casos, la edad. Al forzar a Axel Kicillof y su administración una regulación que exige cargas horarias y subordinación, se corre el riesgo de destruir el incentivo principal que atrae a los colaboradores, transformando un espacio de libertad en un empleo convencional que muchos de ellos no desean.
Finalmente, esta presión regulatoria podría generar un efecto bumerán que termine por desmantelar el sistema en su totalidad. Las empresas del sector advierten que la pérdida de la agilidad que caracteriza a su modelo de negocio haría inviable su permanencia en la provincia. En su afán por otorgar derechos concebidos para el siglo pasado, la gestión estatal podría terminar privando a los trabajadores de la autonomía que tanto valoran y, en el peor de los casos, de su propia fuente de sustento, dejando un vacío que el mercado laboral tradicional difícilmente pueda llenar.
