La gestión municipal de Mar del Plata ha mostrado una preocupante ineficiencia en la ejecución de su presupuesto de obra pública durante el año 2025. Con una ciudad que, según la percepción general, evidencia un deterioro progresivo, los datos revelan que apenas un 38% de los fondos destinados a construcciones fueron efectivamente utilizados. Esta cifra contrasta fuertemente con las expectativas iniciales, que contemplaban más de veinte proyectos y una inversión cercana a los 8.900 millones de pesos, una suma que, tras varias modificaciones, se redujo a poco más de 4.600 millones antes de su magra ejecución.
Según un estudio publicado en octubre de 2025, los marplatenses veían como «una oportunidad» la partida de Guillermo Montenegro, con la esperanza de que el nuevo intendente active la gestión y las obligaciones elementales del municipio comiencen a verse. Pero a dos meses del cambio de nombres, el mando sigue en manos de Montenegro y su sucesor, Agustín Neme, parece seguir con la misma estrategia de reels en redes sociales pero con fuerte inacción para las necesidades de una de las ciudades mas grandes de la provincia de Buenos Aires.
Entre las iniciativas más postergadas y que reflejan esta parálisis, se encuentran proyectos de gran envergadura y necesidad social. La urbanización de Villa Evita, la segunda fase del colector Marcos Sastre, y la construcción de Centros de Desarrollo Infantil en barrios como Las Américas y Libertad, quedaron prácticamente sin avances. Incluso obras como la ampliación de la Secundaria N° 217 o la refuncionalización de espacios culturales y sanitarios en edificios municipales vieron sus partidas drásticamente recortadas y su ejecución reducida a mínimos, en algunos casos por debajo del 20%. Esto deja en evidencia una falta de concreción en áreas críticas para el desarrollo y bienestar de los ciudadanos.
Si bien se argumenta que la escasez de financiamiento fue un factor determinante en esta baja performance, la realidad es que la ciudad sigue esperando por mejoras fundamentales. Apenas un puñado de proyectos menores, como algunas mejoras en el Centro de Atención Primaria de la Salud de Belisario Roldán o el Paseo Costero Norte, lograron completarse al 100%. Mientras tanto, obras de impacto directo en la salud, como el CEMA de Batán, vieron su presupuesto reducido a la mitad y su avance limitado. Para el año 2026, el ejecutivo ha proyectado un desembolso de casi 10.000 millones de pesos en obra pública, una cifra ambiciosa que, a la luz de los resultados de 2025, genera interrogantes sobre su capacidad real de materialización y si logrará revertir la percepción de inacción que ha marcado los últimos años.
