El Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha implementado una serie de medidas que apuntan a fortalecer las reservas internacionales y evitar un desfasaje del tipo de cambio, conocido como «dólar atrasado». Los anuncios han sido bien recibidos por los mercados, provocando alzas en acciones y, especialmente, en bonos en dólares. Una de las señales más potentes para los inversores es la priorización de la acumulación de divisas y la previsión para que el tipo de cambio no se adelante a la inflación, considerando el mayor ingreso de divisas esperado para 2026, proveniente tanto de la liquidación de la cosecha fina como de la colocación de bonos por parte de empresas y provincias.

Una consecuencia directa de estos cambios, que entrarán en vigencia al inicio de 2026, es la modificación del esquema de la banda cambiaria. El techo de la banda, que actualmente se sitúa en $1.527, se ajustará un 2,5% en enero, siguiendo el índice de noviembre, y en febrero se adecuará al dato de diciembre. Este ajuste al 2,5% mensual otorga al BCRA un margen considerable para adquirir divisas en el mercado sin el riesgo inminente de que el dólar alcance el límite superior de la banda. La demanda de dólares para atesoramiento por parte del sector privado ha disminuido significativamente, cayendo a solo USD 200 millones en noviembre, lo que permite al BCRA absorber el excedente de divisas.

El objetivo base del BCRA es comprar aproximadamente USD 10.000 millones a través de la emisión de pesos, como parte de un plan de remonetización de la economía. Se espera que el aumento de la actividad económica impulse la demanda de pesos, mitigando así el posible traspaso a la inflación de una mayor oferta monetaria. Si la demanda de pesos aumenta en un 1% adicional del PBI y la oferta de flujos del balance de pagos lo permite, el BCRA podría incluso incrementar la compra de dólares hasta los USD 17.000 millones. El fortalecimiento del BCRA mediante la acumulación de reservas es una demanda clave de los inversores, fundamental para amortiguar shocks externos y estabilizar el tipo de cambio.

Si bien las reservas netas continúan en terreno negativo, lo que denota una situación de fragilidad, el Tesoro ha logrado acumular dólares para hacer frente al vencimiento de deuda del 9 de enero. Uno de los interrogantes clave reside en si la combinación de una mayor expansión monetaria y un ajuste más rápido del tipo de cambio permitirá reducir la inflación proyectada para 2026 al 20%. Si bien el equipo económico espera una tendencia descendente de la inflación tras el piso de noviembre, aún queda por ver si será factible pasar de una inflación anual del 30% al 20% el próximo año, a pesar de las recientes modificaciones en las reglas de juego.