Esta mañana, la Casa Rosada se convirtió en el escenario de un encuentro clave para el oficialismo. Tras su regreso de Estados Unidos, Javier Milei encabezó una reunión de gabinete marcada por un clima de fricción que no se puede disimular. El eje del conflicto no es solo la agenda de gestión, sino la situación patrimonial de Manuel Adorni, quien quedó bajo la lupa judicial por presunto enriquecimiento ilícito tras conocerse detalles sobre costosas refacciones en su propiedad de un barrio privado.

La interna escaló a niveles públicos debido a la postura de Patricia Bullrich. La dirigente no anduvo con vueltas y marcó una distancia evidente respecto a la defensa cerrada que el Ejecutivo hace de su jefe de Gabinete. Al ser consultada sobre las sospechas que pesan sobre el funcionario, Bullrich fue tajante: “El jefe de Gabinete dijo algo contundente, que tiene una explicación a los gastos que hizo y que va a presentar su declaración jurada. Creo que lo tiene que hacer de inmediato”. Estas palabras cayeron como un balde de agua fría en el entorno presidencial, donde esperaban un respaldo sin fisuras.

Sin embargo, Javier Milei decidió redoblar la apuesta y blindar a su colaborador de confianza. Desde su perspectiva, las acusaciones son intentos de sectores externos por esmerilar su administración. En declaraciones recientes, el mandatario fue muy claro al sostener su postura: “Ni en pedo se va. Estoy tranquilo, Adorni es una persona honesta”. Además, buscó minimizar el choque con Bullrich argumentando que ella simplemente adelantó algo que ya se venía conversando, aunque la tensión entre ambos sectores del gobierno es palpable.

El encuentro de hoy no solo buscó ordenar la tropa, sino también intentar que la gestión recupere la iniciativa frente a una opinión pública que, según los últimos sondeos, empieza a mostrar una preocupación creciente por los temas de transparencia. Mientras la Justicia avanza con la investigación sobre los fondos utilizados por Adorni, el Gobierno intenta cerrar filas, aunque las grietas internas parecen cada vez más difíciles de sellar.