Axel Kicillof se reunió con jefes comunales para transmitir una visión cruda sobre el futuro inmediato de la administración pública y el sector privado. La advertencia central giró en torno a la acelerada caída de la actividad económica, que está provocando la desaparición de unidades productivas a un ritmo alarmante. Según los datos expuestos, la crisis ha escalado al punto de registrarse el cese de operaciones de aproximadamente siete compañías cada jornada, un fenómeno que erosiona la base tributaria y el empleo en las distintas localidades de la provincia.
El mandatario provincial subrayó que el escenario venidero se perfila como una etapa de extrema austeridad y desafíos constantes para las intendencias. Ante este retroceso del tejido industrial, la estrategia planteada busca fortalecer la cohesión política para mitigar los efectos de las políticas nacionales. Axel Kicillof enfatizó que la realidad territorial se está viendo severamente afectada por la parálisis de la obra pública y la merma en el consumo, factores que combinados generan un efecto dominó sobre los comercios de cercanía y las pequeñas fábricas bonaerenses que no logran sostener sus costos operativos.
Durante la jornada, el eje estuvo puesto en la necesidad de articular respuestas creativas frente a la falta de recursos frescos. No se trata solo de una percepción estadística, sino de un proceso de desindustrialización que impacta directamente en la recaudación municipal y provincial. En ese sentido, la premisa fue clara al señalar que el periodo que resta del año exigirá una gestión de crisis permanente. La intención es que los distritos actúen como una red de contención, pese a que «estamos ante un escenario donde la destrucción de empresas se ha vuelto una constante diaria» que compromete el desarrollo a largo plazo.
