La atmósfera en las inmediaciones de Comodoro Py reflejó la relevancia de una jornada donde la presencialidad fue el factor determinante. En el marco de la reanudación del juicio oral por la causa de los cuadernos, la principal acusada, Cristina Fernández, se presentó ante el tribunal para cuestionar la legitimidad de todo el proceso. Durante su exposición, vinculó directamente el avance de este expediente con el contexto social y financiero que atraviesa el país, sugiriendo que la instancia judicial funciona como un mecanismo de distracción frente a la realidad cotidiana de los ciudadanos.
Con un discurso cargado de cuestionamientos hacia la instrucción original, la exmandataria rechazó las acusaciones de asociación ilícita y recaudación de fondos. En uno de los tramos más tensos de su declaración, afirmó con contundencia: “Estamos ante una causa donde el juez y el fiscal son mafiosos, no es persecución política: son prácticas mafiosas”. Asimismo, hizo hincapié en la falta de sustento patrimonial para las denuncias en su contra, preguntando retóricamente a los presentes: “Me dieron vuelta, me allanaron, me rompieron la casa de Calafate. ¿Ustedes saben cómo vivo yo, cómo viven mis hijos? ¿Qué es eso de que me robé un PBI?”.
Hacia el final de la audiencia, la defensa se centró en denunciar una supuesta connivencia entre el actual Poder Ejecutivo y los magistrados, citando declaraciones previas realizadas en el Congreso como prueba de una sentencia que ya consideran redactada de antemano. “Si yo tuviera toda esa plata, no estaría acá”, sentenció antes de negarse a responder preguntas adicionales. Al concluir, la jornada cerró con una fuerte crítica a lo que calificó como un “gran disparate” jurídico, retirándose bajo custodia mientras sus colaboradores insistían en la nulidad de las pruebas presentadas por el exchofer.
