La reciente decisión de Diego Santilli de no confrontar abiertamente a Javier Milei ha establecido un límite significativo a la estrategia de Mauricio Macri, quien busca enfrentar al líder de La Libertad Avanza en las próximas elecciones. Santilli, quien se posiciona como una figura clave dentro del PRO, ha manifestado que “no tengo ganas de pelearme con Milei”, lo que refleja una postura más conciliadora que la que Macri había anticipado.
La situación se complica para Macri, quien ha tomado conciencia de que Milei representa una amenaza directa a su legado político. A pesar de que el ex presidente ha intentado movilizar a su partido para una contienda electoral, la respuesta de Santilli es crucial, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde se concentra gran parte del electorado. Según encuestas recientes, Santilli tiene una intención de voto que dobla la marca del PRO en la región, lo que lo convierte en una figura estratégica.
Sin embargo, la posibilidad de que Santilli lidere una boleta del PRO no garantiza el triunfo, pero podría causar un daño político considerable a Milei, permitiendo que el peronismo, liderado potencialmente por Cristina Kirchner, gane terreno en la provincia. Este escenario podría tener repercusiones significativas en los mercados y en la percepción pública del PRO.
La relación entre Macri y Santilli ha estado marcada por tensiones. Macri ha reprochado a Santilli su acercamiento al gobierno de Milei, mientras que Santilli defiende su postura como una forma de retener a los votantes que apoyan las políticas del libertario. A pesar de las presiones, muchos intendentes del PRO comparten la reticencia de Santilli a enfrentarse directamente a Milei, lo que sugiere que el partido podría estar dividido en su enfoque hacia el líder libertario.
En este contexto, la estrategia de Macri para enfrentar a Milei se ve limitada por la falta de consenso dentro de su propio partido y por la necesidad de mantener una imagen de unidad ante un electorado que busca alternativas viables en un clima político cada vez más polarizado.
