En un giro ideológico sorpresivo, el presidente argentino Javier Milei se reunió este viernes con el líder chino Xi Jinping en el marco de la cumbre del G20 en Brasil. La cita, que se extendió por 30 minutos, buscó profundizar las relaciones comerciales y políticas entre Argentina y China, a pesar de que Milei en campaña electoral había rechazado cualquier vinculación con el «régimen comunista» de Beijing.
La reunión exhibe el pragmatismo de Milei, quien fue aconsejado por su ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, sobre la importancia de mantener los lazos con China, principalmente el acuerdo de intercambio de monedas (swap) por 5.000 millones de dólares que resulta vital para las reservas argentinas. «Sin el swap chino, todo podría complicarse en los mercados», habrían explicado a Milei.
De esta forma, el flamante mandatario argentino dejó de lado su posición ideológica para priorizar los intereses económicos de su país. Junto a Milei, participaron de la reunión la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el canciller Gerardo Werthein y el ministro Caputo.
La «lista de objetivos geopolíticos» que China busca coronar en Argentina incluye desde la construcción de represas hidroeléctricas, centrales nucleares y un puerto de aguas profundas, hasta el control de la Hidrovía y el acceso al cobre y litio del país. Una ambiciosa agenda que Beijing negocia con paciencia y persistencia, aprovechando la debilidad económica argentina.
Sin embargo, Milei deberá maniobrar cuidadosamente su relación con China debido a la futura llegada a la Casa Blanca del republicano Donald Trump, quien se perfila como un rival geopolítico de Beijing. El mandatario argentino buscará un equilibrio entre ambos polos, apelando a los lazos personales que lo unen con Trump, a quien espera que lo ayude a resolver las fragilidades económicas del país.
Después de su encuentro con Xi, Milei se reunirá con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, para negociar un nuevo programa que reemplace el actual Acuerdo de Facilidades Extendidas, que vence a fin de año. Allí también intentará utilizar su vínculo con Trump para obtener mejores condiciones.
