La cumbre del G20 en Río de Janeiro fue testigo de un tenso encuentro entre los presidentes de Argentina y Brasil que evidenció la distancia política e ideológica entre ambos mandatarios. El breve saludo protocolar entre Javier Milei y Lula da Silva, que duró apenas 15 segundos, contrastó notablemente con la calidez que el anfitrión brasileño mostró hacia otros líderes mundiales durante la jornada inaugural en el Museo de Arte Nacional.
Las diferencias entre ambos mandatarios tienen su origen en la campaña electoral argentina de 2023, cuando Lula apoyó abiertamente a Sergio Massa, mientras Milei recibió el respaldo de Jair Bolsonaro. La tensión se incrementó cuando el presidente argentino decidió no invitar a su par brasileño a la ceremonia de asunción, prefiriendo la presencia del ex mandatario Bolsonaro, principal adversario político de Lula.
El encuentro estuvo marcado por gestos que revelaron la frialdad de la relación: mientras Lula se fotografió tomado de las manos con otros jefes de Estado, con Milei mantuvo una distancia notable. El presidente argentino, quien llegó acompañado por Karina Milei, fue el último miembro del G20 en ser recibido por el mandatario brasileño, en un encuentro donde ambos mantuvieron gestos adustos y siguieron estrictamente el protocolo.
Las discrepancias se extienden más allá del plano personal, abarcando temas cruciales como el cambio climático, el desarrollo sustentable y la situación en Medio Oriente. Milei mantiene una postura crítica sobre varias iniciativas promovidas por Lula, incluyendo la propuesta de un impuesto a los «super ricos» y el enfoque sobre el conflicto entre Israel y Hamas, lo que podría resultar en la negativa argentina a firmar el comunicado final del encuentro.
