En el último año, Argentina ha experimentado una alarmante pérdida de 147 mil empleos registrados, mientras que se han creado 132 mil empleos informales, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Este fenómeno refleja un aumento en la informalidad laboral, que ahora afecta a más de 5,5 millones de trabajadores en el país. Sectores como el servicio doméstico, la construcción y la agricultura son algunos de los más afectados, con más de la mitad de sus empleados trabajando sin aportes jubilatorios ni derechos laborales.
La tendencia hacia la informalidad se atribuye a varios factores, incluyendo la dificultad que enfrentan las empresas para sostener los costos laborales en un contexto económico marcado por la inflación y la recesión. Además, la falta de incentivos para formalizar empleos y las complicaciones burocráticas que enfrentan las pequeñas y medianas empresas agravan la situación, aumentando la desigualdad en el acceso a beneficios laborales y de seguridad social.
Los sectores más afectados por la informalidad incluyen el servicio doméstico, donde el 70% de los trabajadores no está registrado, y la construcción, con un 60% de empleados en negro. La agricultura también presenta un alto nivel de informalidad, con el 58% de sus trabajadores no registrados. Por otro lado, sectores como la pesca y la explotación de minas y canteras muestran menores niveles de informalidad, aunque representan una pequeña fracción del mercado laboral.
Este aumento en la informalidad no solo afecta a los trabajadores, sino que también plantea un desafío significativo para el sistema previsional argentino. Con menos aportes al sistema de seguridad social, el financiamiento de las jubilaciones está en riesgo, lo que podría llevar a futuras reformas para garantizar su sostenibilidad.
