El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio «Chiqui» Tapia, ha logrado una contundente reelección anticipada por aclamación, lo que ha generado tensiones con el gobierno de Javier Milei. Tapia no solo consiguió su reelección, sino que también implementó reformas significativas en los torneos de Primera División, desafiando las advertencias del gobierno respecto a la nulidad de estas decisiones. A pesar del anuncio de acciones judiciales, el gobierno se enfrenta a la complejidad de un proceso legal prolongado y a la resistencia de las entidades internacionales como la Conmebol y la FIFA, que no tolerarían una intervención directa en la AFA.

El gobierno de Milei había considerado una intervención sumaria en la AFA, pero la posibilidad de sanciones internacionales y la suspensión de la participación de Argentina en competencias internacionales enfriaron estas intenciones. «Milei sabe lo que representa el fútbol para los argentinos», comentó una fuente cercana a las negociaciones, resaltando el riesgo que supondría afectar eventos cruciales como la Copa Libertadores y las Eliminatorias.

El titular de la Inspección General de Justicia, Daniel Roque Vítolo, acusó a la AFA de violar múltiples normativas al proceder con la reelección de Tapia y las reformas estatutarias sin el debido respaldo legal. Según Vítolo, la AFA desobedeció resoluciones previas que invalidaban la convocatoria a elecciones anticipadas, y ahora la disputa podría llegar a la Cámara Civil, encargada de arbitrar en tales cuestiones administrativas.

En medio de este panorama legal y político, el poder de Tapia en el mundo del fútbol argentino se hace evidente, respaldado por clubes grandes y pequeños. Las reformas aprobadas incluyen la creación de una liga de 30 equipos, consolidando su posición hasta 2028. Mientras tanto, la figura de Tapia se mantiene firme, incluso con el interés de sectores políticos que lo ven como un potencial aliado en futuras contiendas electorales.