En una maniobra insólita, el ministro de Economía Santiago Caputo ordenó trasladar lingotes de oro pertenecientes a las reservas del Banco Central a Londres, exponiéndolos a un eventual embargo por parte de acreedores que demandan millonarias indemnizaciones contra la Argentina.
Según denuncias del gremio bancario, dos operaciones realizadas el 7 y 28 de junio movilizaron oro equivalente a unos 450 millones de dólares hacia la capital británica. Caputo confirmó el insólito traslado bajo el pretexto de «sacarle un retorno» al activo y «maximizar los retornos del país», aunque economistas cuestionan su lógica.
«Llevar las reservas a otra jurisdicción requiere estar seguro de que no hay riesgo de embargo, porque hay juicios abiertos», advirtió Jorge Carrera, ex vicepresidente del BCRA, recordando casos como el de las reservas venezolanas retenidas en Reino Unido.
La maniobra se da en un contexto de negociaciones con Basilea para obtener un crédito de emergencia con el oro como respaldo. Sin embargo, en los tribunales londinenses pesa una demanda del grupo Petersen y el fondo Eton que busca embargar activos argentinos por 16.000 millones de dólares.
«Para iniciar embargos se deben detectar activos embargables, y la Justicia inglesa debe aprobar el procedimiento», explicaron fuentes jurídicas. El riesgo es evidente: si Londres habilita el embargo, el Estado perdería parte de sus reservas de oro para saldar deudas heredadas.
La osada medida de Caputo desató suspicacias sobre las verdaderas intenciones detrás del traslado de las reservas. Mientras el Gobierno busca dólares frescos a cualquier costo, crece el temor de que el oro pueda terminar en manos de los acreedores.
