En un contexto de profunda transformación de la política monetaria, el ministro de Economía, Luis Caputo, adelantó un giro trascendental. Tras años de inestabilidad cambiaria y una creciente dolarización, el Gobierno apuesta a fortalecer al peso como moneda de curso legal y eje de las transacciones económicas.

La declaración de Caputo no deja lugar a dudas: «La gente va a tener que vender dólares para pagar impuestos y el peso va a ser la moneda fuerte». Un anuncio que marca un quiebre respecto al pasado reciente, cuando la desconfianza en la moneda nacional empujó a gran parte de la población a refugiarse en el dólar. «El objetivo siempre fue secar la plaza de pesos. Lo digo desde la primer entrevista, pero bueno, todavía algunos no se convencen».

Esta nueva hoja de ruta se sustenta en acciones concretas. Por un lado, el Banco Central logró recomprar $13,17 billones en contratos de futuros («puts») que amenazaban con disparar la emisión monetaria. «Una bomba más desactivada», celebró Caputo, elogiando la labor de las autoridades y los bancos que «priorizaron el futuro del país».

Pero eso no es todo. A partir del próximo lunes, el Tesoro asumirá el pago de intereses de los pasivos remunerados del BCRA, cortando así la última vía de emisión descontrolada de pesos. Un paso clave para avanzar hacia el ansiado objetivo de «emisión cero».

No obstante, el propio Caputo reconoce que aún no están dadas las condiciones ideales para levantar el cepo cambiario. «Si lo hacemos, los exportadores no nos liquidan un solo dólar», advirtió, consciente de los riesgos de una desgravación prematura del mercado de cambios.

La hoja de ruta es clara: primero controlar la inflación para reducir la brecha cambiaria, y luego sí avanzar hacia una salida «ordenada» del cepo. Una estrategia que, de concretarse, podría marcar un punto de inflexión en la larga crisis monetaria que atraviesa el país.