En una señal de tensión y distanciamiento con su antigua fuerza política aliada, el gobierno de Javier Milei decidió ningunear las duras críticas vertidas por el ex presidente Mauricio Macri y la Fundación Pensar en un informe sobre la gestión oficialista. La respuesta fue contundente: «Ni lo leímos».
Fue el propio vocero presidencial, el polémico Manuel Adorni, quien desestimó el exhaustivo documento que reprueba con datos el desempeño económico y legislativo del novel mandatario libertario. «No leímos el informe, así que no te puedo decir nada porque ni lo leímos», espetó con desdén ante la consulta periodística.
La actitud de menosprecio se profundizó cuando Adorni aseveró que en el Ejecutivo ni siquiera estaban «enterados de lo que dice» el trabajo elaborado por los think tanks afines almacrismo. Un gesto que alimenta las crecientes rispideces entre los antiguos socios de la coalición opositora Juntos por el Cambio.
Sin embargo, el vocero buscó matizar las aguas al remarcar que la «relación» entre Milei y Macri «es muy buena» y que ambos mantienen «frecuentes» diálogos, a contramano de lo que insinuaba su desdén por el crudo diagnóstico oficialista.
Más allá de los esfuerzos por bajarle el tono a la pública discordia, lo cierto es que las críticas esgrimidas por el propio Macri sobre el «peor arranque legislativo de la democracia» parecen haber calado hondo en las huestes libertarias.
En el gobierno de la libertad total parecen no estar dispuestos a tolerar observaciones críticas de quienes hasta hace poco eran considerados aliados estratégicos. Un síntoma más de su aislamiento y la creciente fractura del frente opositor que los llevó al poder. El desplante a Macri representaría así la consolidación de un camino en aparente soledad para Milei.
