El gobierno analiza implementar una drástica desregulación en el transporte de larga distancia que podría ser tanto una oportunidad como una catástrofe para los usuarios. La iniciativa contemplaría que las empresas puedan prescindir de las actuales terminales centralizadas y operar desde cualquier punto que elijan, incluso desde simples galpones.
Esta medida de amplia liberalización apunta directamente al principal beneficiario del statu quo: Néstor Otero, el empresario que maneja con puño de hierro la estratégica Terminal de Retiro en la Ciudad de Buenos Aires. De concretarse, las compañías podrían evadir el pago de altos cánones por utilizar esa terminal federal y establecer sus propias cabeceras en zonas menos costosas.
Sin embargo, la propuesta genera fuertes interrogantes en torno al impacto que podría tener en las grandes urbes. Autoridades y voces del sector advierten sobre el caos de tránsito vehicular que se podría desatar si decenas de micros empiezan a operar sin una regulación централizada en áreas densamente pobladas como el Área Metropolitana.
«Si una empresa tiene un galpón en San Fernando, Barracas, Lugano o La Boca, podría elegir ese punto como terminal», explicaron fuentes oficiales consultadas. Mientras algunos operadores respaldan la «sana competencia» que generaría la apertura, otros temen un descontrol con la entrada de «competencia ilegal».
Más allá de los reparos, la intención gubernamental sería ir por una «desregulación total» que abarque incluso las rutas y reduzca el rol de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte a meros controles técnicos sobre el estado de las unidades. Un crudo ejemplo del libremercadismo que impulsa la gestión de Milei.
