En un intento por desactivar la creciente tensión con el movimiento obrero, el Ejecutivo nacional dará inicio esta semana a negociaciones con la Confederación General del Trabajo (CGT) para acordar la reglamentación de la polémica reforma laboral aprobada en el Congreso. El objetivo será moderar el impacto de ciertos artículos que han generado fuertes críticas por parte de los sindicalistas.
El secretario de Trabajo, Julio Cordero, tomará las riendas de estas conversaciones ofreciendo a los líderes cegetistas participar en la redacción del decreto reglamentario que pondrá en vigencia la normativa. De esta manera, se buscará atenuar los efectos de disposiciones cuestionadas, como la creación de la figura del «trabajador independiente» que podría desembocar en casos de desprotección laboral, según advierten los gremios.
«Habrá una cumbre de abogados sindicales para definir los puntos a corregir y, de aprobarlo la mesa chica de la CGT, se abrirá un canal de diálogo con técnicos gubernamentales», reveló una fuente conocedora de la estrategia oficial.
Este acercamiento representa otro gesto del Gobierno para rebajar las crecientes tensiones con la central obrera, sumado a la reciente flexibilización de la pauta salarial que permitirá a los sindicatos negociar aumentos por encima de las previsiones inflacionarias.
Sin embargo, no todo será armonía. Mientras el sector dialoguista de la CGT estaría dispuesto a esta negociación, los sectores más combativos, liderados por Pablo Moyano de Camioneros, anuncian acciones legales contra ciertos puntos como las nuevas penalizaciones a los bloqueos sindicales.
Por otro lado, la restitución del impuesto a las Ganancias, aprobada de forma polémica, augura un nuevo frente de conflicto con sindicatos de trabajadores de altos ingresos que denunciarán su inconstitucionalidad.
