En un evento en la República Checa, el presidente argentino Javier Milei sorprendió al dejar entrever que podría ser merecedor del máximo galardón en el campo de la economía.

«Con mi jefe de asesores, el Doctor Damián Reidel, estamos reescribiendo gran parte de la teoría económica», afirmó Milei con notable falta de humildad. «Si nos termina de salir bien, probablemente me den el Nobel de Economía junto a Damián», vaticinó.

El libertario expresó que su trabajo apunta a «derivar optimalidad de Pareto, tanto estática como intertemporal, teniendo funciones de producción no convexas». Según Milei, esto «corregirá el problema y desaparecerá el conflicto entre la fábrica de alfileres y la mano invisible».

La audaz declaración del mandatario generó estupor en el ámbito económico y político. Críticos señalan que Milei aún no ha logrado ningún resultado trascendente que justifique semejante aspiración al premio que en 2018 recibió William Nordhaus por su labor en economía del clima.

En su alocución, Milei también rindió homenaje a economistas como Gary Becker, a quien tenía en un cuadro en su living, y Paul Romer, «quien ha podido capturar mejor las ideas de Adam Smith y Schumpeter para explicar el crecimiento económico.»

El presidente aprovechó para cuestionar parte de la teoría económica vigente, afirmando que no es la mejor interpretación posible sobre conceptos como el crecimiento. Una actitud provocadora que es ya su sello distintivo.