El círculo rojo de la industria local empezó a mover sus piezas en el tablero político con vistas al próximo armado electoral, impulsando una estrategia clara de cara al futuro de la conducción del país. Las miradas corporativas, con el liderazgo marcado por las pretensiones de Paolo Rocca, están puestas en consolidar una alternativa de poder previsible y confiable para las grandes firmas. La intención que asoma desde las altas esferas del empresariado concentrado apunta de lleno a instalar la postulación de Patricia Bullrich como la opción ideal para administrar el Estado, buscando asegurar un perfil ejecutivo receptivo y que guarde sintonía fina con las demandas productivas y financieras de los principales holdings del país.

Para poner en marcha esta ingeniería electoral, el mandamás del Grupo Techint inició intensas gestiones de seducción política dirigidas directamente hacia Mauricio Macri. El objetivo central de estas conversaciones privadas consiste en convencer al expresidente de que vuelque toda su estructura y peso político en respaldar la postulación de quien hoy conduce el área de seguridad. Los sectores más encumbrados del ámbito corporativo ven con preocupación las oscilaciones de la gestión nacional vigente y consideran prioritario edificar un plan B robusto, con un liderazgo predecible y alejado de las imprevisibilidades que caracterizan el panorama político de los últimos tiempos.

Mientras estas negociaciones de alto nivel avanzan en los despachos, Patricia Bullrich ya comenzó a mover la maquinaria interna y dio instrucciones precisas para estructurar un equipo de campaña propio. A pesar de los constantes chispazos institucionales y las lógicas tensiones de cartelera que persisten en la actual coalición gobernante, la contención del empresariado le otorga al proyecto un volumen y una espalda financiera de peso. La hoja de ruta del establishment busca capitalizar la experiencia en la gestión pública de la postulante, tejiendo de forma paralela una red de contención institucional que garantice un rumbo económico firme, ordenado y, sobre todo, permeable a los intereses del histórico círculo de negocios del país.