La realidad judicial que rodea el día a día de Cristina Kirchner, quien cumple arresto en su domicilio por una condena firme vinculada a un delito de defraudación pública y se encuentra inhabilitada de por vida para ejercer cargos en el Estado, no parece ser un freno total para su vigencia en la discusión política cotidiana. El último estudio de opinión pública a nivel nacional, confeccionado de manera conjunta por AtlasIntel y Bloomberg, arrojó un diagnóstico llamativo sobre cómo la sociedad percibe a las figuras del país. En ese marco, la exmandataria logra sostenerse en un lote intermedio de la tabla de valoración ciudadana, un dato que sacude el tablero si se tiene en cuenta que casi la mitad de los consultados, puntualmente el 47,9%, ubicó a las maniobras opacas en el Estado como el mayor problema que aqueja a la Argentina actual.
El sondeo expone que, a pesar del panorama judicial adverso y las restricciones que la alejan formalmente de las boletas de votación, la dirigente peronista cuenta con un piso de acompañamiento que le permite mirar desde arriba a varios protagonistas de la escena actual. El escenario se vuelve complejo al revisar quiénes quedaron peor posicionados que ella en el índice de consideración general. La lista de dirigentes que cosechan un balance de apoyo más relegado y mayores niveles de rechazo incluye a nombres de peso tanto de la gestión anterior como del armado que hoy maneja los hilos del poder.
Dentro de este lote con peor aceptación se ubica, en primer lugar, el exjefe de Estado Alberto Fernández, quien cierra las posiciones del muestreo con el rechazo más alto. Sin embargo, lo que verdaderamente llamó la atención de los analistas fue el fuerte desgaste de los principales alfiles del oficialismo. En ese pelotón de rezagados aparecen figuras centrales del partido gobernante como Karina Milei y Martín Menem, además de referentes de la última contienda electoral como Sergio Massa y el exmandatario Mauricio Macri. Este panorama consolida una paradoja singular donde el núcleo de resistencia social termina castigando con más fuerza a los armadores de la estructura actual que a quienes ya pasaron por los despachos de la Casa Rosada.
