La botonera de la vocería oficial del Gobierno empezó a registrar interferencias profundas y el panorama interno en la Casa Rosada se puso bastante denso para Manuel Adorni. El funcionario se encuentra transitando una de sus etapas más complejas desde que asumió el cargo, quedando expuesto en medio de un tablero donde las fichas del poder libertario se están reacomodando de manera drástica. Los cortocircuitos que viene arrastrando en su gestión diaria ya no se pueden disimular y sus apariciones públicas empezaron a perder el respaldo unánime del que gozaba al principio de la gestión.
El factor determinante de este debilitamiento radica en un movimiento estratégico dentro del entorno más cercano al primer mandatario. En las últimas semanas se consolidó una sintonía fina inesperada entre Karina Milei y Patricia Bullrich, quienes habrían decidido limar asperezas (sobre todo Karina) para actuar en bloque en varias decisiones clave del rumbo político. Este frente común entre la secretaria general de la Presidencia y la ministra de Seguridad terminó de arrinconar al portavoz, cuya continuidad al frente de la comunicación de Balcarce 50 empezó a ser seriamente cuestionada por los sectores que ahora manejan los hilos de la botonera oficial.
La debilidad de la posición de Manuel Adorni quedó a la vista cuando se filtraron los intensos debates sobre su posible remoción del puesto. Quienes impulsan su salida sostienen que el desgaste de las conferencias habituales es inocultable y que la estrategia comunicacional necesita un volantazo urgente para no seguir perdiendo terreno frente a la opinión pública. Mientras el portavoz intenta sostener su agenda habitual, las reuniones en los despachos principales de la Casa Rosada aceleran los borradores de un recambio que parece cada vez más inevitable, marcando el pulso de una interna feroz que amenaza con llevarse puestos a varios nombres del armado original.
