En un nuevo capítulo de su política antiinmigrante, Donald Trump ha ordenado intensificar las redadas y deportaciones en ciudades como Los Ángeles, Chicago y Nueva York, desatando una ola de protestas y rechazo en todo el país. El objetivo, según el propio mandatario, es llevar a cabo «el mayor programa de deportaciones en la historia» de Estados Unidos.

Esta medida, que prioriza las áreas urbanas con alta concentración de inmigrantes, busca alcanzar la cifra de 3.000 arrestos diarios, quintuplicando el promedio actual. A pesar de la ofensiva, el gobierno ha decidido proteger sectores clave de la economía como la agricultura y la hotelería, reconociendo su dependencia de la mano de obra migrante.

La respuesta no se ha hecho esperar. Alcaldes de ciudades como Nueva York, Chicago y Los Ángeles han prometido brindar apoyo legal a los afectados y rechazan colaborar con las autoridades federales en la implementación de estas políticas.

Detrás de esta estrategia se encuentra Stephen Miller, asesor principal de Trump y arquitecto de su política migratoria. Su objetivo es consolidar una política de detenciones masivas y un discurso duro para reforzar su base electoral conservadora.