El panorama político argentino se complejiza con la reciente conformación de un nuevo frente de gobernadores, que busca posicionarse como una alternativa ajena tanto al oficialismo de La Libertad Avanza como al kirchnerismo. Sin embargo, la atención se ha centrado en la ausencia de dos provincias patagónicas clave: Río Negro y Neuquén, cuyos mandatarios, Alberto Weretilneck y Rolando Figueroa, respectivamente, han optado por mantenerse al margen de esta nueva alianza. Esta decisión, lejos de ser una mera omisión, revela una estrategia calculada para fortalecer su capacidad de negociación directa con el gobierno nacional.
Los cinco gobernadores que impulsan este bloque –Ignacio Torres (Chubut), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Martín Llaryora (Córdoba), Carlos Sadir (Jujuy) y Claudio Vidal (Santa Cruz)– aspiran a construir una marca y un sello nacional, con la meta de conformar un interbloque legislativo en el Congreso después de diciembre. No obstante, Weretilneck y Figueroa han preferido una táctica centrada en la región del Comahue, priorizando la autonomía provincial. Su razonamiento se basa en la percepción de que estas grandes alianzas benefician desproporcionadamente a las provincias de mayor tamaño, dejando en desventaja a las más pequeñas. Un impulsor del frente, en off the record, señaló que «nadie quiere recibir ninguna esquirla», aludiendo al deseo de Río Negro y Neuquén de evitar los efectos colaterales de conflictos políticos más amplios.
Esta postura independiente permite a los gobernadores patagónicos una mayor flexibilidad para entablar diálogos directos con la Casa Rosada. Al no estar atados a un bloque opositor más amplio, sus votos en el Congreso, tanto de senadores como de diputados, se convierten en una moneda de cambio valiosa para asegurar recursos y obras de infraestructura vitales para sus provincias, que han sido restringidas o canceladas por el gobierno central. En un escenario de «tres tercios» electorales, donde cada banca legislativa es crucial, la capacidad de Weretilneck de negociar directamente con el presidente Javier Milei por el apoyo de sus legisladores podría resultar determinante para la agenda del oficialismo.
La decisión de Río Negro y Neuquén de fortalecer sus estrategias conjuntas, actuando como un «eje de poder» regional, subraya su intención de defender los intereses federales sin someterse a las dinámicas de los grandes bloques nacionales. Este enfoque les permite mantener una voz propia y una capacidad de influencia que, paradójicamente, podría ser mayor desde una posición de independencia que desde la integración en una coalición más numerosa.
